Muchas personas de influencia tienen guardaespaldas a su servicio. Agentes del Servicio Secreto siguen al presidente y vicepresidente de los Estados Unidos, y a sus familias a donde quiera que van. Otras personas célebres sienten la necesidad de emplear guardaespaldas para proteger sus vidas en esta era de creciente violencia.
Pero los hijos de Dios gozamos de una protección aún mayor. A toda hora somos protegidos por un ejército invisible, cuyo poder ningún enemigo humano puede igualar. Leemos acerca de estos guardianes sobrenaturales en el Salmo 91, versículo 11: “Pues a sus ángeles mandará acerca de
ti, que te guarden en todos tus caminos”. El versículo 12 de este Salmo promete: “En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.” Esto indica que la inter-vención de los ángeles nos libra de muchos peligros.
Cuando Daniel
fue arrojado al foso de los leones, aparentemente todo había terminado para él; sin embargo, al día siguiente él pudo testificar así: “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño” . . . (Daniel 6:22).
Un ángel libertó de la prisión a los apóstoles para que pudiesen continuar predicando (Hechos 517-20). Mas tarde, cuando Pedro se encontraba prisionero, y se había señalado la fecha para su ejecución, un ángel intervino y lo rescató, a pesar de los guardias y la seguridad de la cárcel (Hechos 12511).
Cuando el barco que llevaba a Pablo a Roma para ser procesado, parecía destinado a la destrucción,
un ángel visitó al apóstol de noche, y le aseguró que ninguna vida se per-dería (Hechos 27:21-15).
Un amigo me contó que, hace varios años, mientras cruzaba una calle muy transitada en la ciudad de Chicago, súbitamente
fué empujado hacia adelante, justo a tiempo para evitar ser atropellado por un coche que no se detuvo ante la luz roja. Cuando miró a su alrededor, no había ninguna persona cerca de él. Mi amigo está convencido que quien lo empujó
fué un ángel, aunque él no vió ninguno.
Recuerdo el testimonio de un pastor quien contaba que mientras iba manejando su coche por la carretera, de pronto vió que el camino estaba bloqueado por una vaca muerta. Era demasiado tarde para parar, y al atropellara un animal tan gran-de corría el riesgo de un serio y posiblemente fatal accidente. En los segundos que siguieron, él tuvo la sensación de que alguien iba sentado a su lado, aunque no vió a nadie. El coche atropelló a la vaca, pero milagrosamente pareció deslizarse
sobre ella para luego proseguir por el camino sin otros problemas. Entonces cesó aquella sensación de una presencia invisible. El pastor estaba seguro de que un ángel había venido a socorrerlo.
Durante la segunda guerra mundial, una de la publicaciones de las Asambleas de Dios imprimió un artículo titulado: «Un ángel que trajo de regreso al bombardero». El asombroso relato de un avión que regresó a su base luego de haber sido casi despedazado, no dejaba lugar a dudas sobre la propiedad del título.
Una parte importante de la promesa que encontramos en el Salmo 91 es la frase: “en todos tus caminos”. Esto significa el curso de la vida diaria.
Los ángeles no cuidan de nosotros solamente durante tiempos de peligro o emergencias; su trabajo no está limitado a protegernos de desastres. De acuerdo a este versículo, su cuidado se extiende a la rutina diaria de nuestras vidas.
En Hebreos 1:14 leemos que los ángeles «son espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación».
Los herederos de la salvación son, por supuesto, aquellos que pertenecen a Dios por medio de la fe en Jesucristo.
Ministrar quiere decir servir; probablemente no nos daremos cuenta en cuántas maneras los ángeles nos han servido hasta que lleguemos al cielo.
La Biblia muestra a los ángeles en varias ocasiones, cuidando tiernamente de los hijos de Dios. Cuando Hagar y su pequeño hijo Ismael fueron forzados a abandonar su hogar, y el niño parecía a punto de morir de sed, un ángel le habló: “¿Qué tienes, Hagar? No temas. . .” (Génesis 21:9-13).
Cuando Elías, desmoralizado, huía de Jezabel, un ángel lo despertó de su sueño de agotamiento con palabras alentadoras. El ángel, además, lo proveyó de comida y agua para su sustento físico (1” Reyes 19:4-7).
Al describir la muerte de un mendigo, Jesús dijo que los ángeles lo llevaron al lugar de reposo, conocido entonces como “el seno de Abraham” (Lucas 16:22).
Al concluir la tentación en el desierto, y durante su oración en Getsemaní, Jesús mismo fué fortalecido por ángeles que vinieron a servirle (Mateo 4:11, Lucas 22:43).
A veces hemos oído referencias a “ángeles guardianes”. Si existe un ángel designado a cada cristiano no se enseña claramente en la Biblia; aunque en Mateo 18: 10 se puede encontrar apoyo para este concepto.
Hablando acerca de los niños, Jesús dijo: “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”.
No debemos suponer que el cuidado de los ángeles por los hijos de Dios se limita a las ocasiones en que se aparecen a ellos visiblemente. La Biblia enseña claramente que los ángeles están en servicio en todo momento; su cuidado por nosotros nunca cesa.
Aún en los tiempos bíblicos las apariciones visibles no eran frecuentes. Con pocas excepciones, los ángeles no repitieron esta clase de visita a una misma persona. Tales experiencias fueron causa de tal inspiración por el hecho de ser extraordinarias e infrecuentes.
Cuando llegó el tiempo de hacer un anuncio tan importante como el del nacimiento de Jesús, la virgen María sólo recibió una visita del ángel. Si alguna vez esperaríamos que un ángel sostuviera una larga conversación con un ser humano, esa ocasión ,debía haber sido durante la visita de Gabriel a María; pero la Biblia dice que tan pronto como María respondió: “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra”, Gabriel se fué de su presencia” (Lucas 1:38). A pesar de que José se encontraba tan perturbado por el embarazo de María, él recibió sólo una visita del ángel, cuya explicación borró sus dudas.
Como jefe del hogar, José recibió otras dos visitas angélicas. Una fué para advertirle que debía escapar de Herodes con su familia, y la otra para hacerle volver de Egipto luego de la muerte de Herodes.
El anuncio del nacimiento de Juan el Bautista fué traído por la aparición de un ángel a su padre Zacarías.
Según las Escrituras, ni aún los apóstoles, u otros líderes de la iglesia primitiva fueron favorecidos con repetidas apariciones de ángeles. Leemos acerca de una de estas visitas a todo el grupo de los apóstoles (Hechos 5: 19); una a Pedro solo (Hechos 12); una a Felipe (Hechos 8:26); y una a Pablo (Hechos 27:23).
El centurión Cornelio, cuyo papel fué tan importante en la historia de la iglesia primitiva, recibió también una visita angelical (Hechos 10).
En cada uno de estos casos, el visitante celestial se ausento rápidamente luego de haber cumplido con su misión. Esto se repite tanto en las apariciones angélicas del Antiguo como del : Nuevo Testamento. Estos incidentes siempre tuvieron lugar en una atmósfera de dignidad y temor reverente. No hubo conversación innecesaria, y las palabras de los seres humanos participantes fueron limitadas. No encontramos en la Biblia ningún episodio de familiaridad alguna entre ángeles y seres humanos.
Puede ser que Dios le permita ver un ángel en el transcurso de su vida; pero es probable que nunca vea uno. Es posible que un ángel en forma humana le preste algún servicio sin que usted sepa que es un ángel; Hebreos 13:2 habla de algunos que «sin saberlo hospedaron ángeles».
Pero ya sea que los veamos 0 no, podemos estar seguros de que Dios ha encargado a ángeles que nos guarden en todos nuestros caminos. La
Biblia lo declara, y ésta es toda la certidumbre que necesitamos.
Aunque la Biblia habla de multitud de ángeles, sólo dos son nombrados: Gabriel y Miguel. Estos se nombran en sólo nueve
versículos, y parecen participar en solamente las misiones más importantes. No hay indicio en la Biblia de que Miguel visitara a ningún individuo.
¿ Por qué la Biblia no declara los nombres de los ángeles? Tal vez sea para prevenir que les adjudiquemos una posición mayor que la que ocupan en el plan de Dios. Pablo tuvo que advertir a los creyentes de su día en contra de la adoración a los ángeles (Colosenses 2: 18).
La literatura religiosa falsa, o de dudosa autenticidad parece especializarse en fabricar ángeles cuyos nombres no se encuentran en la Biblia. Los libros apócrifos nombran a varios: Uriel, Rafael, Raguel, Zariel, Saraquel y Remiel.
La Biblia también es reservada acerca de su descripción de los ángeles. Por ejemplo, no se dice mucho acerca de sus ropas. Las pocas ocasiones en que se menciona el color, éste es blanco (Mateo 28:3, Marcos 16:6; Juan 20:20; Hechos 1:10).
Marcos 16:5 agrega una muy simple descripción del atavío angélico: «una larga ropa blanca”.
Como todas las verdades espirituales, el tema de los ángeles debe ser conservado dentro de la perspectiva
bíblica. El ministerio de los ángeles no tiene preeminencia sobre la enseñanza y la guía del Espíritu Santo; tampoco toma el lugar del estudio diligente de las Escrituras, ni agrega algo a la revelación que Dios ha dado en su Palabra.
Cierto profeta del Antiguo Testamento sufrió una muerte repentina cuando desobedeció las órdenes que había recibido de parte de Dios. Esta tragedia ocurrió porque él creyó a un hombre quien le dijo que un ángel le había hablado dándole instrucciones que eran diferentes a las que el profeta había recibido del Señor (1º Reyes 13:18).
Este triste caso demuestra el peligro que existe en no probar la supuesta experiencia de otra persona por la Palabra de Dios.
Los Saduceos no creían en ángeles (Hechos 23:8). Ellos tienen sus correligionarios modernos, quienes relegan a los ángeles a la misma categoría de las hadas y otras creaciones de la fantasía. Lamentablemente, se ha añadido cierta cantidad de superstición y
enseñanza errónea al tema de los ángeles. El concepto de los artistas en cuanto a ellos no ha sido de mucha ayuda. Pero si a pesar de todo esto nos adherimos a lo que la Biblia enseña acerca de los ángeles, seremos inspirados y alentados, y evitaremos la trampa de una posición extremada.
El hecho de que Dios haya encargado a los ángeles la protección de Sus hijos es otro testimonio de la profundidad de Su amor por nosotros, y de la importancia que El da a nuestro bienestar. Los ángeles no podrán cantar con nosotros los himnos de la redención, pero seguramente ellos alabarán a su Creador. Y nosotros le daremos gracias por haber enviado a Sus ángeles para guardarnos mientras que estábamos en la tierra. |
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